Delito impreso

"Delito impreso" es parte de la antología Overclocked: Stories from the Future Present de Cory Doctorow (2007), publicada por Thunder's Mouth, una división de Avalon Books. Se distribuye bajo la licencia Creative Commons Attibution-NonCommercial-ShareAlike 2.5

Este y los otros cuentos en el volumen están disponibles en
http://craphound.com/overclocked

Usted puede comprar Overclocked en librerías, incluyendo Amazon:
http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/1560259817/downandoutint-20

En las palabras de Woody Guthrie:
“Esta canción está protegida por copyright en Estados Unidos, bajo el registro Nº 154085, por un período de 28 años, y cualquiera capturado cantándola sin nuestro permiso, será nuestro amigo, porque no nos importa un comino. Publíquenla. Cántenla. Escríbanla. Báilenla. Cántenla a la tirolesa. Nosotros la escribimos, y eso es todo lo que queríamos hacer.”

Overclocked está dedicado a Pat York, que hizo que mis cuentos fueran mejores.

Nota del traductor:

El fundamento tecnológico de este cuento es la impresión tridimensional, que está aún en una etapa temprana, pero que se espera que tenga un desarrollo muy importante en el futuro próximo. En la actualidad ese tipo de dispositivos se utilizan para la creación de prototipos, pero en no mucho tiempo podrían destinarse a la producción directa de objetos para la venta. El conflicto político subyacente es el que existe entre las diferentes posiciones en torno a cómo deben administrarse los derechos sobre las creaciones intelectuales.

Quiero agradecer a Cory Doctorow por este cuento y por ofrecer a quién quiera hacerlo la posibilidad de construir sobre él, y quiero expresar un especial agradecimiento a Laura Alem por leer y comentar el borrador de la traducción.

Delito impreso (Printcrime)

por Cory Doctorow

Los policías machacaron la impresora de mi padre cuando yo tenía ocho años. Recuerdo su olor como de papel film recién salido del microondas, y la mirada de feroz concentración de Pa cuando la llenaba con pasta fresca, y el aire cálido, como recién horneado, de los objetos que salían de ella.

Los policías entraron por la puerta agitando sus porras, uno de ellos recitando los términos de la orden de allanamiento con un megáfono. Uno de los clientes de papá lo había vendido. La ipolicía pagaba en fármacos de alta calidad -- mejoradores de rendimiento, suplementos para la memoria, estimulantes metabólicos. La clase de cosa que cuesta una fortuna sin receta; la clase de cosa que podrías imprimir en casa, si no te importara el riesgo de tener tu cocina llena con una súbita aglomeración de cuerpos grandes y robustos, grandes porras agitándose en el aire, machacando a cualquier persona o cosa que se pusiera en su camino.

Destruyeron el arcón de la abuela, el que ella había traído de la madre patria. Arrojaron nuestra pequeña heladera y nuestra unidad de refrigeración por la ventana. Mi canario se escapó de la muerte escondiéndose en un rincón de su jaula mientras una gran bota aplastaba la mayor parte de ella hasta convertirla en una maraña de alambre de impresora.

Pa. Lo que le hicieron. Cuando terminaron con él, se veía como si se hubiera estado peleando con un equipo de rugby entero. Lo sacaron por la puerta y dejaron que los chismosos le echaran una buena mirada mientras lo tiraban dentro del auto, mientras un vocero decía al mundo que la operación mafiosa de piratería de Pa había sido responsable de al menos veinte millones en contrabando, y que mi Pa, el villano desesperado, había resistido el arresto.

Vi todo eso en la pantalla de mi teléfono, en los restos del líving, mirándolo y preguntándome cómo, sólo cómo alguien podría mirar nuestro pequeño departamento y nuestro terrible y miserable edificio y confundirlos con la casa de un líder del crimen organizado. Se llevaron la impresora, por supuesto, y la mostraron como un trofeo a los chismosos. Su pequeño santuario en la kitchenette se veía horriblemente vacío. Cuando me levanté y revisé el departamento y rescaté a mi pobre canario, puse una licuadora allí. Estaba hecha de partes impresas, así que sólo duraría un mes antes de que yo necesitara imprimir nuevos rulemanes y otras partes móviles. Entonces, yo podía desmontar y reensamblar cualquier cosa que pudiera imprimirse.

Para cuando cumplí dieciocho, estaban listos para dejar a Pa salir de prisión. Yo lo había visitado tres veces -- cuando cumplí diez años, cuando el cumplió cincuenta, y cuando Ma murió. Habían pasado dos años desde la última vez que lo había visto, y estaba en mala forma. Una pelea en la cárcel lo había dejado con una cojera, y miraba por encima de su hombro tan a menudo que parecía un tic. Yo estaba avergonzada cuando el minitaxi nos dejó frente a nuestro edificio, y traté de mantener mi distancia frente a este esqueleto cojeante, arruinado, mientras entrábamos y subíamos las escaleras.

"Lanie", dijo, mientras me sentaba, "Sos una chica inteligente, lo sé. Brillante. ¿No sabrías dónde tu viejo Pa podría conseguir una impresora y algo de pasta?"

Apreté mis manos en puños tan fuerte que mis uñas se clavaron en mis palmas. Cerré mis ojos. "Estuviste en la cárcel por diez años, Pa. Diez. Años. ¿Vas a arriesgarte a otros diez años por imprimir más licuadoras y fármacos, más laptops y sombreros de diseño?"

El sonrió. "No soy estúpido, Lanie. He aprendido mi lección. No hay sombrero o laptop por el que valga la pena ir a la cárcel. No voy a imprimir más de esa basura, nunca más". Tomó una taza de té. La bebió como si fuera whisky, un sorbo y luego una larga y satisfecha exhalación. Cerró sus ojos y se reclinó en su silla.

"Vení para acá, Lanie, dejame susurrarte algo. Dejame decirte lo que decidí mientras pasaba diez años encerrado. Vení y escuchá a tu estúpido Pa".

Sentí una punzada de culpa por haberlo retado. El estaba loco, eso estaba claro. Dios sabía por lo que había pasado en la cárcel. "¿Qué, Pa?" dije, inclinándome hacia él.

"Lanie, voy a imprimir más impresoras. Montones de impresoras. Una para cada persona. Por eso, vale la pena ir a la cárcel. Por eso, vale la pena lo que sea".

Traducción: Ariel Maidana [ariel_maidana@yahoo.com]

Versión original: Printcrime

Traducción al francés: Crime d'impression por Rigas Arvanitis.

Traducción al italiano: Crimine a Mezzo Stampa por Emanuele Vulcano.

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